La política ha dejado de ser aquella ocupación importante y fundamental para el funcionamiento de la sociedad como lo era en siglos pasados. Se dejo atrás esos tiempos en donde a través de la política se obtenían triunfos históricos, donde se peleaba por libertad, justicia, bienestar social y una mejor vida para todos. Ahora ha sido relegada a gritos, insultos, indirectas e inmadurez por parte de quienes ocupan altos cargos de representación y de poder.
No es mi intención generalizar sobre las personas que se encuentran en estos puestos, pues hay algunas personas que los desempeñan con la probidad y profesionalidad que estos exigen; sin embargo existen muchas otras que desconocen completamente su trabajo, sus obligaciones y el motivo por el que han sido designadas a estos oficios. Existen ya varias opiniones sobre nuestros apreciados legisladores multifacéticos que pueden legislar, debatir, dibujar, grabar contenido para redes, contestar llamadas (o fingirlas para eludir a la prensa) estudiar para tener su título universitario que aún no poseen, y demás cuestiones que no es necesario mencionar pues ya casi todo se ha dicho. Pero habiendo mencionado esto, ¿Quién tiene la culpa de que nuestros representantes tengan este nivel tan deplorable? Muchos señalarán primero a los requisitos para ser legislador: Ser mayor de edad y ser bachiller. Esto de cierta manera busca abrir a la mayoría de ciudadanos posibles la oportunidad de representar a sus ciudades, cantones y provincias, de poder llevar ante las autoridades las problemáticas y necesidades de su gente, pero, ¿esto de verdad ocurre? Este juicio quedará a cargo de cada uno de los lectores.
Se ha puesto sobre la mesa la opción de añadir ciertos requisitos como por ejemplo: tener un título de tercer nivel, tener conocimientos en derecho o tener cierta experiencia previa en materia legislativa. Ante esta situación se ha dicho que sería un regresión de derechos, que le quita la representatividad al país y demás argumentos. ¿Alguna vez han intentado buscar trabajo siendo un joven de 18 años y bachiller? Permítanme relatarles con lo que se encuentran en estas circunstancias. Requerimientos de experiencia de 2 años o más, títulos de tercer nivel en la materia en la que se desarrolla el puesto de trabajo, salarios por debajo del mínimo establecido por la ley, sin beneficios sociales, horarios de trabajo abusivos y un sin número de condiciones que impiden que los jovenes puedan iniciar su vida laboral. Yo propongo que las empresas y locales que contraten a jovenes usen los mismos requisitos con los que se pueden ser legislador, y que la asamblea use los parámetros de selección que hay para acceder al campo laboral en el país, si esto sucede acabamos con dos problemas a la vez, el desempleo y los políticos penosos que tenemos.
A esto debemos sumarle la fiebre del ‘‘yo no soy político pero…’’ una nueva técnica que usan los políticos, irónicamente, para demostrar que ellos no son como los demás, aquí es donde me gustaría consultarle a los lectores, ¿Usted le confiaría su vehículo a alguien que no es mecánico? ¿Le confiaría su salud y su vida a alguien que no es médico? La respuesta lógica a estos hipotéticos sería que no. Entonces ¿por qué le confiamos nuestra políticas a quienes no son políticos? Muchas de los personajes que ahora vemos en polémicas por corrupción o desempeñando sus cargos de manera vergonzosa han utilizado la estrategia de decir: »Yo no soy político, pero entro en esto para hacer de mi país un lugar mejor.» Gracias por su sacrificio, yo no soy doctor pero mañana voy a operar a corazón abierto porque quiero un sistema de salud más ágil. Simplemente vergonzoso e incoherente.
Ante todo problemas siempre hay una solución y en este caso es la educación. Hay que formar a nuestras siguientes generaciones para que exijan lo que un país democrático merece, gente preparada y no personajes que lo único que les importa es que llegue fin de mes. Hay que confiar en los jóvenes, pero en los que si están preparados, en los que tienen esa pasión de representar a su gente, en los que han vivido la política en sus diversas formas y no en los que ni leyendo una intervención hecha con inteligencia artificial pueden dar la cara por su gente.
Las oportunidades deben caer en suelo fértil y no en desiertos huecos.