Los partidos políticos se han convertido en simples movimientos electorales hechos a medida para campañas sin una proyección a largo plazo.

Democracia a la carta: la crisis del sistema de partidos políticos en Ecuador

Actualizada:

Sep 5, 2025

El Ecuador desde 1979 ha mantenido una democracia formal con elecciones periódicas y características propias de un sistema republicano. A pesar de ello, carece de partidos políticos representativos durante el desarrollo de la vida política del país. Puesto que estos últimos se han convertido en meros vehículos electorales vacíos y personalistas creados y usados a gusto del caudillo de turno. El término “democracia a la Carta” demuestra claramente el diario vivir de la situación política social del Ecuador, en donde los partidos políticos en lugar de fungir como instituciones con ideologías claras, bases sociales y proyectos a largo plazo, se convierten en simples movimientos electorales hechos a medida para campañas sin una proyección a largo plazo.

Tras el retorno a la democracia, el Ecuador desarrolló un sistema multipartidista relativamente estable, durante los 80 y 90 predominaban fuerzas tradicionales que contenían una ideología clara como izquierda democrática (ID- socialdemócratas) Partido Social Cristiano (PSC- socialcristianismo) e incluso la Democracia Popular (DP- democracia cristiana) se fueron alternando el poder incluso con movimientos populistas como el Partido Roldosista ecuatoriano (PRE- Populistas) de Bucaram. Estos partidos lograron un auge con claros tintes regionalistas, teniendo el PSC y PRE dominio en la Costa, mientras la ID y DP mayor aceptación en la Sierra. Sin embargo, tras escándalos de corrupción, mal manejo de las arcas fiscales y constantes pugnas entre ellos- minando así su credibilidad frente al Electorado- se produciría un derrumbe del sistema partidario lo que condujo a que en el 2000 emergieran figuras nuevas contra la denominada “partidocracia”. Resaltan outsiders como el (PRIAN- movimiento electoral de Álvaro Noboa) Sociedad Patriótica (PSP- que llevaría a la Presidencia de la República a Lucio Gutiérrez) o Alianza País (AP- liderado por Rafael Correa) que desplazaron a los partidos tradicionales. A través de la campaña del desprestigio a la “partidocracia” fuerzas populares tradicionales fueron perdiendo credibilidad e incluso perdían su registro legal. Esto se materializó tan solo en los resultados de los comicios legislativos del 2006 en donde los nuevos partidos concentraban el 45,5 % de los escaños frente al 32,6% de partidos tradicionales.

Con el proceso constituyente de 2008 y las continuas victorias de AP se instauró este como partido predominante. A pesar de ello, tras su declive en el escenario político se generó un multipartidismo atomizado, en donde varios movimientos políticos escogen a candidatos cumpliendo de una forma forzada el Código de la Democracia, por lo que no resulta importante generar cohesión civil.

Existen ciertas características que denotan la latente desinstitucionalización partidaria, como la carencia de vínculos programáticos sólidos con la sociedad, puesto a que sus principios ideológicos son difusos, lo que provoca un oportunismo político en lugar de propuestas claras. Lo que su vez genera un Hiper personalismo caudillistas, por lo cual los partidos resultan como simples fachadas de vehículo electoral.  En 2025, nueve de los 16 presidenciales no militaban en las listas que los auspiciaron. Como efectos políticos este fenómeno ha generado profundas consecuencias perjudiciales para la democracia como la desconfianza y desconexión de la ciudadanía joven con la política.

En el contexto latinoamericano, Ecuador contrasta marcadamente por su deterioro institucional, sirviendo otros países de la región como contraste como es el caso de Uruguay que es frecuentemente citado como modelo de partidos sólidos e históricos que cuentan con raíces sociales profundas gracias a estructuras internas democráticas y clara identidad ideológica, lo que no solo ha mantenido baja la volatilidad electoral sino también ha contribuido en el desarrollo del país por la confianza que se tienen a sus instituciones.

Por otro lado, en la propia región nos encontramos con la otra cara de la moneda, el caso del Perú, es sumamente similar al multipartidismo atomizado del Ecuador. En el Perú se ha producido una altísima fragmentación política- en el 2021 participaron 18 binomios presidenciales en sus elecciones- denotando la oferta volátil y personalizada en cada elección.

A modo de concluir con este escrito, la crisis del sistema político en el Ecuador es un desafío urgente indispensable para el fortalecimiento democrático de la República. Reconstruir a estos actores intermediarios políticos es una tarea impostergable que implica promover organizaciones con bases ideológicas claras y vínculos sociales reales, en lugar de agrupaciones vacías disponibles para el mejor postor. Se requieren reformas legales reales que exijan una vida interna partidaria (padrones depurados, elecciones primarias obligatorias, rendición de cuentas). Por lo que es deber de toda la ciudadanía repensar en la democracia más allá de reducirla a una votación cada cuatro años, sino formalizar un compromiso de participación ciudadana informada y deliberación pública responsable. Solo de esta forma, el Ecuador podrá salir de este ejercicio de “Democracia a la Carta” y construir en cambio una verdadera reinstitucionalización de los partidos políticos.

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