Ecuador es un lugar extraño
Cuando pensamos en lo raro, en lo extraño, lo inusual o peculiar; naturalmente pueden venir ejemplos de lo bueno y de lo malo: lugares bellos pero vacíos; animales majestuosos pero venenosos; personas libres, pero sin educación.
Pero ubiquémonos en Ecuador, ¿por qué es extraño?
Un lugar… donde mientras más poder tienes más daño le haces a los “inocentes”; lugar, donde los “inocentes” pueden o no serlo según la llenura de sus carteras; lugar, donde las carteras pueden estar llenas de dinero, de sangre o de dinero ensangrentado, también de dinero lavado, pero eso es tema para otro tipo de análisis.
Ecuador es extraño; porque mientras tenemos cuatro regiones, las discusiones siempre se enfocan en dos de ellas, parece una mala broma llamar megadiverso a un territorio copado de intolerancia y quemeimportismo. Nuestra tierra es un lugar MUY extraño; está llena de personas muy diferentes entre sí, pero tan similares a la vez. – ¿por qué? - te podrías preguntar. Porque aún con aspectos diferentes, dialectos diferentes o costumbres diferentes, todos o al menos la gran mayoría se mueven por lo mismo, el miedo. El miedo, ese sentimiento que de niños nos impedía movernos frente a una cerámica rota por una travesura mal ejecutada en casa de la abuela; ese miedo, que recorre la nuca cuando veías tu primera “mala nota”; aquel miedo, que sentiste la primera vez que declaraste tu amor a alguien sin saber qué respuesta te daría; miedo, que te persigue cada vez que te acercas a lo desconocido; y ese miedo, que te recuerda los peores momentos por los que hayas tenido que pasar.
Ahora bien, ¿por qué es necesario hablar del miedo?, cuando hablamos de lo extraño que es Ecuador tenemos que reconocer su actualidad. Un lugar que a pesar del tiempo parece no aprender de sus errores, pues si vemos al Ecuador de hoy estaremos frente a un lugar que vota visceralmente, repudiando el pasado que aterró a muchas familias y cobró la “paz” (inexistente en nuestra historia).
Porque los ecuatorianos hicimos uso de nuestro legítimo y constitucionalmente reconocido derecho a elegir nuestros representantes, no pensando en quién sería el mejor para el puesto, sino quién era capaz de derrotar al pasado, decisión que para entenderse necesitaría un cuadro de “argumente su respuesta” junto a los presidenciables en las papeletas.
Efectivamente se contaron los votos y se “derrotó” al pasado, que hacía recorrer miedo por la nuca de todos quienes tenían memoria y uso de razón por la llamada “década” ganada o perdida según a quién se pregunte. Pero la derrota del pasado, extrañamente, nos recordó mucho a este. Por eso cuando digo que Ecuador es un lugar extraño, porque con todas las discusiones y diferencias que tenemos sus habitantes, seguimos moviéndonos por el mismo sentimiento que desemboca en diferentes personas con mismos planes y acciones, volviendo así aquel sentimiento que decimos repudiar pero tanto parecemos buscar.
El miedo de vivir aquel pasado terrorífico; cuando no podías opinar, cuando te mentían cada sábado, cuando las leyes se hacían y deshacían a conveniencia de uno, cuando desaparecía y moría gente sin razón, cuando respondíamos a intereses ajenos y un largo etcétera… pero ¿no es esto algo que suena parecido a las noticias de hoy?
El “pasado terrorífico” y el hoy brillante de nuestra extraña tierra resultan muy similares; teníamos sabatinas y ahora TikToks diarios, tuvimos y tenemos una profunda reorganización del Estado, tuvimos y tenemos alguien que ha concentrado el poder económico, político y social, teníamos mentiras diarias con presupuestos inflados y tenemos mentiras diarias con mejorías invisibles, teníamos discursos que culpaban al pasado por destruir el bolsillo de los ecuatorianos y tenemos discursos… que dicen poco o más de lo mismo, entonces… si el pasado era tan terrorífico, ¿por qué buscamos que se repita?
Tal vez y solo tal vez, podríamos ver un “pasado brillante” frente a un “presente terrorífico” o un pasado igual de terrorífico que el presente o un pasado igual de “brillante” que nuestro presente, la verdad es que resultan peligrosamente similares el ayer y el hoy, pero esto ¿a qué se debe?, la respuesta es fácil y la he repetido ya algunas veces, el miedo.
Un sentimiento tan extraño, pero tan propio de un pueblo como el nuestro. El miedo de ser llamado “culpable” o “tibio” según el resultado de una decisión que produce y producirá efectos en el tiempo, que inclemente con nuestra sociedad nos pasa factura, intereses y nos cobra apuestas por lanzar inconscientes monedas al aire.
Durante mucho tiempo el miedo ha sido el gestor, escritor y presentador de la agenda nacional. Un libreto que nos permitimos aceptar y replicar cada elección seccional o nacional; pensaría cualquiera que, si no son las mismas personas en el poder, entonces sus motivos y acciones serían diferentes, pero no cambiará el proceder de quienes ejercen el poder mientras los electores no cambien su motivación.
Mientras el miedo siga siendo nuestro común denominador no habrá diferencia, cambio o transformación en nuestra realidad, pues no es que Ecuador sea extraño solo que hemos normalizado el dolor y la autoflagelación transformando en algo común lo que nunca debió ser el Estado. Sin embargo, corresponde a todos; tú, el, ella, yo y recae en nosotros afrontar ese miedo al pasado para cambiar nuestro presente y permitirnos ver al futuro, puede que Ecuador no sea un lugar extraño sino uno más del montón de Estados latinoamericanos sumidos en el autoritarismo, pero no tiene por qué ser así eternamente, dejemos de ser complacientes, dejemos el “voto útil”, dejemos de culpar al de lado y dejemos de agachar la cabeza frente a los que ostentan el poder pues ellos serán mandatarios pero el pueblo es el mandante. Un pueblo sin miedo tal vez sea imposible de conseguir, pero un pueblo valiente siempre lo hemos sido aunque algunos lo hayan olvidado.