No es un secreto que la sociedad y el miedo siempre han estado correlacionados durante todas las etapas de la historia. A diferencia de otros factores dentro de la sociedad, el miedo no respeta las diferencias sociales; puede encontrarse tanto en el pasado, en el presente o incluso en el futuro.
El sociólogo alemán Heinz Bude sostiene en su obra La sociedad del miedo que este sentimiento indica hacia dónde se dirige una sociedad. Miedos como la pobreza, el endeudamiento, el terrorismo o la inflación son comunes en las sociedades modernas.
Además, se menciona específicamente cómo el miedo fue usado en diversos gobiernos del pasado para controlar a las masas, sirviendo como herramienta para impulsar figuras de autoridad que “protejan” los intereses del pueblo. A lo anterior se suma el contexto actual de un mundo globalizado, con nuevas herramientas digitales que facilitan la divulgación de información a escala mundial.
En este artículo se analizará cómo los diversos partidos políticos y sus candidatos han usado el recurso del miedo en sus campañas electorales, haciendo un recorrido por los hitos democráticos más notorios desde el regreso a la democracia.
Elecciones 1978-1978
Jaime Roldós Aguilera — Sixto Durán-Ballén
El retorno a la democracia tras diez años de gobierno militar fue todo menos sencillo. Los ecuatorianos acudieron a las urnas en julio de 1978; el ambiente fue tenso durante los cuatro meses en los que se daba el conteo de los resultados. En los hogares ecuatorianos existía el temor de un posible fraude por parte del gobierno militar.
Hasta que, en noviembre de 1978, los resultados fueron anunciados, dando como vencedor al binomio formado por Jaime Roldós Aguilera y Osvaldo Hurtado, con un 28%. Sin embargo, el 24% alcanzado por el binomio conformado por Sixto Durán-Ballén y José Ycaza Roldós forzó una segunda vuelta electoral, la cual se produciría seis meses después.
Durante el periodo de campaña electoral se llevó a cabo un segundo debate presidencial. A diferencia de tiempos más contemporáneos, el gobierno no organizó ningún debate, sino que el encuentro se dio en el programa ‘Ante la opinión’. En un fragmento de este debate se observa un cruce de palabras cuanto menos interesante.
Como contexto, los votantes y miembros de cada partido acusaban a la otra parte de haber sido beneficiada por la junta militar durante el proceso electoral. Durán-Ballén insinuó que Roldós había sido favorecido por el presunto fraude electoral, a lo cual Roldós contraargumentó que se trató de un proceso bajo total control de las Fuerzas Armadas, remarcando que su partido era enteramente de las clases populares, a diferencia de la coalición de derecha liderada por su contrincante.
Con esto, Roldós dejó sembrada en el pueblo ecuatoriano la inquietud de si, en realidad, el beneficiado de un posible fraude había sido Durán-Ballén. La duda, en la mayoría de los casos, lleva al miedo; en este caso, al miedo del pueblo ecuatoriano de tener un gobierno controlado por la junta militar.
Si bien no se puede afirmar que la victoria de Roldós se debiera únicamente al miedo generado por esa duda, este pudo ser un factor determinante al dejar a su rival en una situación vulnerable y contradictoria en su ideología política, generando un ambiente de incertidumbre.
Elecciones 1992
Sixto Durán-Ballén — Jaime Nebot
Tras un gobierno turbulento de Rodrigo Borja, los ecuatorianos acudieron nuevamente a las urnas. En esta ocasión, el populismo se hizo presente desde la primera vuelta con figuras como Abdalá Bucaram, quien, aun con una llamativa campaña, no logró alcanzar la segunda vuelta en su segundo intento por llegar a Carondelet.
El pueblo ecuatoriano eligió entre el candidato del Partido Social Cristiano, Jaime Nebot, y el candidato por la Unidad Republicana, Sixto Durán-Ballén. La apuesta de Nebot se basó principalmente en la edad de su contrincante: la campaña socialcristiana lo presentaba como la opción de modernización frente a Durán-Ballén, que simbolizaba el conservadurismo y las viejas políticas, resumidas en el eslogan “los viejos horizontes”.El caso más sonado fue el de una propaganda televisiva en la que se mostraba a un presunto ciudadano que afirmaba que votar por Durán-Ballén y Alberto Dahik (candidato a la vicepresidencia) sería como enviar al país a la horca.
En respuesta, la campaña de Durán-Ballén lanzó una contraofensiva directa con el lema “Así miente Nebot”. En esta campaña, se mostraba al mismo actor de la campaña rival confesando que era un intérprete pagado y que, en realidad, votaría por Durán-Ballén.
De esta forma, el binomio de Unidad Republicana no solo logró desestimar la campaña del Partido Social Cristiano, sino que también sembró una nueva duda en el pueblo ecuatoriano: ¿acaso la mejor opción era elegir a un mentiroso como Nebot? Nuevamente se probaba lo antes expuesto: aquellos votantes inseguros durante los procesos electorales, o los rezagados tras la primera vuelta, suelen guiarse más por el miedo y la desconfianza, eligiendo al candidato que mejor sepa manipular el factor miedo.
Elecciones postcorreísmo
2017—2021:Lasso-Moreno
2021 — 2023: Lasso-Arauz
Para culminar el análisis, resulta necesario dar un enfoque más contemporáneo. No es sorpresa para nadie que el gobierno del expresidente Rafael Correa se vio envuelto en una importante cantidad de controversias que, hasta hoy, mantienen abiertos juicios y órdenes de aprehensión contra varios de sus exfuncionarios.
No obstante, sería un error no mencionar el impacto que dejó la Revolución Ciudadana en el ambiente político de la República. Durante esos diez años, se evidenció una encrucijada entre los partidos de derecha, declarados oposición, y el oficialismo. Correa aprovechó las posiciones incómodas de rivales como Álvaro Noboa y Guillermo Lasso. En este último caso, se explotó su participación en el gobierno de Jamil Mahuad y su presunta implicación en el Feriado Bancario, una herida de la que el pueblo ecuatoriano aún no se recupera.
El mensaje era claro: Lasso era un banquero que no dudaría en sacrificar al país por mantener a flote su entidad financiera. Votar por Lasso, se decía, era votar por otro Feriado Bancario. Este discurso se reutilizó en 2017, cuando Lenín Moreno fue proclamado presidente electo en segunda vuelta.
En 2021, tras la pandemia, el arresto de Jorge Glas y nuevas investigaciones de corrupción vinculadas al correísmo, el panorama fue complejo. Con un candidato prácticamente nuevo como Andrés Arauz, el movimiento enfrentaba a rivales políticos fuertes como Xavier Hervas, Guillermo Lasso y el sorpresivo despunte de Yaku Pérez.
Nuevamente se vieron los estragos del discurso correísta sobre la asociación de Lasso con el Feriado Bancario: su imagen perdió fuerza y el electorado quedó dividido. Sin embargo, en la segunda vuelta, Lasso replanteó su discurso presentando a Arauz como un “títere de Correa”, mientras el correísmo insistía en que Moreno y Lasso estaban coludidos. En redes sociales, muchos votantes indecisos expresaban su temor de que Lasso repitiera la inoperancia del gobierno de Moreno.
Finalmente, Guillermo Lasso fue proclamado presidente electo, lo que envió un mensaje contundente al correísmo: “nunca más”. La realidad que se evidencia es clara: en el Ecuador actual, los planes de trabajo o las propuestas pesan menos que el miedo a determinadas opciones políticas. Como sociedad, seguimos permitiendo que los viejos trucos electorales nos guíen, consolidando así una verdadera sociedad del miedo.